
|

1. Consejos para las diferentes etapas de la enfermedad | 2. Estrategias | 3. ¿Quién cuida a quién? | 4. Y bueno pues...



1. Consejos para las diferentes etapas de la enfermedad



Cómo afrontar la enfermedad.
Al mal tiempo...
buena cara


Fase inicial-leve


Fase moderada


Fase moderadamente grave


Fase grave y terminal



Cómo afrontar la enfermedad
Al mal tiempo...
buena cara

Durante todo el proceso de la enfermedad,
que puede durar hasta 20 años,
casi toda una vida, las estrategias a
seguir deberán adaptarse a las necesidades
crecientes. Se sugerirán recomendaciones,
indicaciones y consejos para cada
fase de la enfermedad, de modo que puedan
servir de orientación al cuidador y le
ayuden a convivir mejor con una persona
que, debido a su situación, va perdiendo
grandes dosis de memoria y muchas cosas más.
«Nunca es triste la verdad..., lo que no tiene es remedio»
Volver arriba
Fase inicial-leve

Corresponde al estadio 3 de la escala GDS, es decir, cuando se confirma
la enfermedad en una etapa muy temprana.
Las características comunes en esta etapa están presididas por
la responsabilidad sanitaria del diagnóstico y tratamiento específico
precoz con fármacos anticolinesterásicos y en la capacidad de
comunicación de los profesionales con la familia, en saber gestionar
el impacto emocional de dar y recibir malas noticias.
La familia, ante la probabilidad de enfrentarse a una enfermedad
sin escapatoria posible, recibe un duro golpe con gran impacto emocional.
Es dar a conocer una muerte anunciada, a largo plazo. En el
momento de dar el diagnóstico se ha de medir exquisitamente la
manera de hacerlo, cómo y qué se va a decir y a quién, ya que de
todo ello dependerá que se establezca o no una buena relación entre
el médico, la familia y el enfermo.
No hay salida y todo es temor y desesperación. Se inicia un proceso
asaltado y capitaneado por la duda y la desconfianza hacia el diagnóstico
y el profesional que lo ha dictado. «Se ha de confirmar», éste
es el primer eslabón de la cadena que se ha de superar. La carrera de
obstáculos ha empezado. Se buscan y rebuscan otras opiniones, otros
diagnósticos, cualquier alternativa. Uno se pregunta por qué, qué ha
pasado, qué ha fallado, por qué a nosotros. No ha «fallado» nada, las
cosas son como son y nos visitan en el momento más inoportuno.
Aunque cueste entenderlo, aunque la verdad sea triste..., lo que no
tiene es remedio.
Se ha de estar preparado para dar y recibir malas noticias, medirlas
a distancia y dormir con ellas. Tomar con ellas café... y aprender
a resolver situaciones complejas que tiempo atrás «el otro» resolvía
por sí solo.
No existe la fórmula ideal. No hay fórmula justa y a la medida, ni
tampoco equivocada. Lo que se necesita es «tiempo de escucha» y
«prudencia». Hay que dejar que pregunten, permitirles expresar sus
sentimientos, que irán del blanco al negro sin posibilidad de matices,
de la ira a la aceptación; que serán ambivalentes en todos los sentidos,
hasta conseguir un pacto con uno mismo y con los demás. Se ha
de ser flexible para llegar al consenso.
Averiguar lo que el enfermo sabe y lo que quiere saber, averiguar lo
que está en condiciones de saber es la clave para dar respuestas. Informar
al enfermo y a su familia es un acto médico, pero es un hecho ante
todo humano. La grandeza y humanidad de los equipos profesionales
que trabajan en las demencias se hace patente cuando, en los momentos
más difíciles, se sabe estar al otro lado de la mesa y ponerse en su piel.
La tarea de la verdadera historia ha empezado. Éste será nuestro
«cuento».
Mantenerse activo
En este estadio se alteran las actividades complejas e instrumentales de
la vida diaria, necesarias para mantener la independencia y las relaciones
sociales. Ambas son las que permiten planificar viajes, concertar
salidas con los amigos, cuidar nietos quien los tuviere, ir a espectáculos,
exposiciones, practicar deporte, mantener aficiones o bien
hacer la compra, usar el teléfono, ir al banco, gestionar sus finanzas,
manejar dinero de bolsillo, cuidar de la casa, preparar la comida, usar
medios de transporte, responsabilizarse de su medicación, etc.
Hay que prestar una muy especial atención a la vida de relación,
animando y favoreciendo su mantenimiento.
- Fomentar sus aficiones habituales: actividad física, excursiones, viajes,
labores, costura.
- Insistir en la lectura de acuerdo con sus capacidades y preferencias
(periódico, revistas, novelas).
- Procurar que siga ejercitando la escritura.
- Realizar pasatiempos que estimulen la atención y concentración
(crucigramas, sopas de letras, las ocho diferencias...).
- Responsabilizarle de las compras cotidianas especificadas en una
lista, y ayudarle en las compras extraordinarias, como regalos de
Navidad, cumpleaños, aniversarios, etc.
- Usar medios de transporte en trayectos bien conocidos y rutinarios.
- Procurar que sigan organizando la casa, ayudándoles en aquello
que les pueda resultar más difícil.
«A veces se te funden los plomos»
Volver arriba
Fase moderada

Corresponde al estadio 4 y parte del 5 de la escala GDS, es decir,
cuando las alteraciones cognitivas son muy obvias y no dejan lugar a
dudas sobre su diagnóstico.
Las características comunes de esta situación están presididas por
la responsabilidad sanitaria respecto al tratamiento específico y sintomático,
así como por la gestión de los recursos y servicios, a fin de
facilitar la estabilidad clínica y el bienestar del enfermo y la familia.
En esta etapa aparecen las responsabilidades sociales, si entendemos
como tales la información sobre cómo garantizar la mejor protección
jurídico-legal y la gestión en lo que concierne a salud, calidad
de vida y finanzas, que podrá empezar por el documento de voluntades
anticipadas y seguir, más adelante, con el proceso de incapacitación
legal.
Es un largo periodo donde se debe estar preparado para resolver
situaciones complejas, organizar el día a día y mantener rutinas
para vivir mucho mejor.
Se vive sin tiempo para descansar, porque los cuidadores deben
estar atentos las veinticuatro horas del día supervisando lo que hace,
lo que necesita y lo que requiere. Es una etapa de desgaste emocional y físico. Los sentimientos de los cuidadores son contradictorios: por
un lado quieren abarcarlo todo y por otro desearían poder dejar de
estar al pie del cañón. Afloran sentimientos de culpa por no hacer
determinadas cosas o por hacerlas sin entusiasmo y con cierto mal
humor. Por subir el tono de voz, por regañarles, por no poder más.
¡Se te funden los plomos!
Todas estas reacciones son normales, pero aun así hay que prestarles
la atención debida y poner solución al asunto. En estos casos existen
grupos de autoayuda y de terapia familiar directamente indicados
para los cuidadores de enfermos con demencia. Otra forma indirecta
de descarga para los familiares es la asistencia a centros de día específicos,
en los que el objetivo principal de la asistencia y tratamiento
es la psicoestimulación, actividad terapéutica que permite el mantenimiento
de las funciones intelectuales y de la vida diaria, pero que indi-rectamente
ayudan al cuidador a tomarse un descanso y disponer de
tiempo libre para su propio cuidado.
La comunicación con el enfermo se hará difícil,
nos hará perder los nervios
Esta dificultad la podemos compensar usando un lenguaje más simplificado
y concreto. Deberemos usar palabras sencillas y de uso
coloquial, frases cortas y concisas, no hacer rodeos ni ir encadenando
una idea tras otra, ya que pueden hacer perder el hilo temático
de la conversación, hablar de uno en uno y no varias personas a la
vez, intentar elegir temas que sean de su interés, en los que pueda
participar.
- Dar respuestas y explicaciones muy claras y cortas.
- Hablar lentamente manteniendo el contacto visual.
- Darle todo el tiempo que necesite para pensar y responder.
- Evitar la discusión. La conversación se trasformará en un frontón,
rebotarán las ideas y no se llegará a nada. Es preferible intentar
cambiar de tema, o bien seguirle el hilo, pero sin introducir elementos
nuevos que puedan confundirle.
- Utilizar el gesto, la expresión facial y el tono de voz para reforzar
el sentido de una frase. Se ha de aprender a ser un buen actor.
- Evitar todos aquellos elementos que dificultan la comunicación, ruidos,
interrupciones, «zapping». Un ambiente ruidoso dispersa la
atención, crea malestar y dificulta la comprensión del lenguaje.
Una buena organización de la casa nos evitará búsquedas inútiles
y pérdidas de tiempo. Una buena gestión financiera nos evitará descapitalizaciones
irreparables.
Conviene ir adaptando la casa a las necesidades que aparezcan
para mantener el mayor nivel de autonomía del enfermo y la mayor
comodidad del cuidador. La adaptación deberá irse haciendo de forma
progresiva, ya que todo cambio brusco provoca desorientación.
La gestión que nos tomará más tiempo en resolver es que se acepte
una ayuda externa para facilitar las tareas domésticas o, en otro sentido,
la supervisión de las actividades bancarias.
- Procurar que su armario contenga lo necesario para facilitar la elección
de su vestuario.
- Diferenciar con claridad en el ropero las prendas de distinta temporada.
- Simplificar el uso de los electrodomésticos que utilice y evitar el uso
de nuevos modelos que desconozca.
- Mantener las cosas de la casa en su sitio habitual. Evitar los cambios.
- Limitar los espacios de poco uso o de difícil acceso para no acrecentar
su confusión.
- Disponer de calendarios, listas de teléfonos comunes y reloj de fácil
visualización.
- Mantener un horario rutinario para cualquier actividad y hacerlo de
forma metódica.
- Intentar supervisar en el baño, perturbando al mínimo su intimidad.
- Supervisar indirectamente y limitar las gestiones financieras, sin
herir su autoestima (informar al banco y a los comercios habituales
de la situación).
- Gestionar la pensión de gran invalidez, si el paciente no ha llega-do
todavía a la jubilación.
- Gestionar el grado de disminución del paciente, para que se bene-ficie
de las exenciones fiscales estatales y municipales vigentes.
- Gestionar la incapacitación legal.
- Planificar con tiempo la provisión de recursos y servicios. Si nos
planteamos algún recurso de apoyo a medio plazo (centro de día,
atención domiciliaria, ingreso en una residencia, etc.) es necesario
poner en marcha la solicitud con tiempo suficiente.
«Siempre existe una razón... escondida en cada gesto»
Volver arriba
Fase moderadamente grave

Corresponde al estadio 5 de la escala GDS y parte del estadio 6, en
el que el paciente es dependiente de una tercera persona que cuide
de él y mantenga las actividades básicas de la vida diaria.
Las necesidades más comunes de esta situación radican en el
manejo de las alteraciones de la conducta y del estado físico del
paciente. Desde el punto de vista social, las ayudas de descarga
familiar han de estar pautadas. Debe gestionarse la solicitud de
ayuda domiciliaria, centro de día o ingreso residencial asistido.
La comunicación con el enfermo será nuestro
gran problema: aprenderemos a leer en los gestos
El lenguaje verbal es pobre y se limita a frases cortas, algunas veces
incomprensibles, o a monosílabos. En su lugar, toma protagonismo el
lenguaje no verbal, el de los gestos. El enfermo se comunicará con
cambios de tono de voz para decirnos que no quiere hacer aquello o
que no quiere estar allí. Nos dirá que está furioso con alguien o por
algo con una expresión peculiar de su rostro, que deberemos reconocer,
con una sonrisa, con una mirada de complicidad. Nuestra actitud
corporal, el tono de voz, la expresión facial, los gestos que utilicemos
y el contacto físico serán la mejor manera de expresar nuestros sentimientos
y transmitirle seguridad.
No obstante, si el paciente mantiene todavía cierta capacidad de
comunicación verbal, deberemos estimularlo para que la mantenga.
- Intentar que la expresión del rostro transmita exactamente el mensaje
que quiera darse.
- No reflejar preocupación, tristeza, enojo o inseguridad en el rostro.
- Usar un tono de voz suave. No gritarle ni hablarle como si no entendiera.
- Habituarse a contarle lo que estamos haciendo para integrarlo en
la actividad: «preparemos la comida, pongamos la mesa, etc.».
Aunque no le responda, al enfermo le parecerá que está participando
en lo nuestro, jugará con nosotros en el mismo juego.
- Hacerle partícipe de las conversaciones familiares, aunque su capacidad
de comprensión sea limitada, intentando hablar pausadamente
y no todos a la vez.
- Evitar comentarios críticos sobre su persona o actividades en su presencia.
- Facilitarle recuerdos personales agradables y contextualizarlos en el
tiempo.
Cambios en el domicilio
Durante la progresión de la enfermedad nos veremos obligados a
introducir nuevos cambios que de ningún modo deben perturbar su
estabilidad emocional, evitando en lo posible alteraciones de la conducta
y del sueño, que puedan desencadenar estos nuevos factores
ambientales. A estas alturas de la enfermedad, se precisa ayuda
directa durante todo el día, ya que el enfermo está perdiendo sus
capacidades básicas. Aunque la tendencia es suplir todas las necesidades,
hay que tener claro que el enfermo es una persona adulta y no
un niño, al que hay que darle el trato de respeto que se merece y cuidar
especialmente su intimidad. En todo momento hay que favorecer
y mantener su autoestima y proteger su intimidad.
- Evitar cambios de domicilio rotatorios, pues aumentan la desorientación.
- Utilizar sistemas de seguridad para el gas de la cocina, el calentador,
etc.
- No dejar a su alcance objetos punzantes y productos tóxicos que
pudieran ser peligrosos.
- Añadir asideros en las paredes del baño, al lado de la taza. Sustituir
la bañera por ducha.
- Suprimir los muebles que puedan dificultar la fácil deambulación.
- Evitar las alfombras: peligro de caídas.
- Favorecer la orientación en casa (iluminación adecuada, señalización
del baño).
- Reducir al mínimo los enseres del aseo, dormitorio, sala de estar,
etcétera.
- Evitar los espejos y superficies reflejantes, puesto que pueden alterar
la conducta por falsos reconocimientos y dar lugar a fabulaciones.
- Evitar las fugas, con cerrojos fuera de su alcance.
- Identificar al paciente para facilitar su retorno en caso de extravío.
- Ayudarle a orientarse de noche con luz tenue y permanente en los
lugares apropiados.
- Preparar la mesa con pocos cubiertos y de fácil manejo.
- Presentarle los platos de forma secuencial.
- Procurar que vista ropa cómoda, fácil de poner y sacar.
- Ayudarle en la elección de la ropa, dejando que se vista solo.
- Vigilar su higiene personal. Pautarle cada paso («quítate la ropa,
enjabónate los brazos, etc.»).
- Evitar la oscuridad, espacios grandes, exceso de ruido, etc.
«Sin ti no entiendo el despertar, sin ti la cama es ancha...»
Volver arriba
Fase grave y terminal.

Estar preparados para la incomunicación y el adiós
Son varios los años que habrán transcurrido desde que se conoció el
diagnóstico, tal vez ocho, diez o doce años. El agotamiento y la debilidad
física del enfermo de Alzheimer se hace patente en este estadio,
que corresponde al 7 de la escala GDS. Su fragilidad física se verá
agravada por el deterioro cerebral progresivo, y al mismo tiempo el
precario equilibrio anímico se desmoronará ante la más nimia febrícula
o por un simple resfriado. Qué decir si se trata de una caída
con fractura, de un cuadro neumónico, una infección urinaria o de un
estado carencial y de deshidratación. Las complicaciones serán, por lo
general, físicas, aunque los trastornos de conducta en forma de agitación,
gritos, lloros, actitud oposicionista, harán que se tomen decisiones
contradictorias y que se cambie de parecer de un día para otro.
El tema de la nutrición será uno de los grandes problemas y cómo
nutrir al enfermo un dilema.
Estamos al inicio de un fin que durará años.
La incomunicación con el enfermo. La soledad del cuidador
Desapareció el lenguaje verbal y sólo resta el lenguaje corporal para
mantener un contacto con el enfermo. El paciente es muy receptivo a
cualquier muestra de afecto. Se le debe transmitir seguridad y estima.
- Cogerle y acariciarle con afecto mientras se le habla.
- Sonreírle con frecuencia.
- Utilizar aquellos objetos personales queridos por el paciente, que le
evoquen recuerdos gratos.
- No gritarle ni utilizar gestos rudos ni imprevistos.
- Utilizar las comidas como elemento social y de placer.
- Proponer paseos cortos, pasos de baile para mantener el ritmo, juegos
con pelota, aros, cintas, para mantener la actividad física.
- Realizar movilización pasiva y cambios posturales, tanto si está
encamado como sentado gran parte del día.
- Mantener la higiene bucal. Proteger su piel. Evitar el estreñimiento.
- Realizar la higiene con suavidad y buscando un momento del día
en que se sienta relajado y tranquilo. Intentar convertirlo en un
momento especial de juego.
Ante cualquier reacción extraña que se observe, es conveniente ave-riguar
si puede estar producida por alguna dolencia física (dolor, fie-bre,
estreñimiento, etc.).
- Adecuar la alimentación a las necesidades nutricionales y de hidratación.
En estos momentos, dos son las preguntas que se plantean: ¿Puede
el enfermo estar en casa? ¿Es necesario su ingreso?
La toma de la decisión se hará a corto plazo y debería ser consensuada
entre los familiares y el médico. La decisión dependerá de
varios elementos:
- De la capacidad física, psíquica y de apoyo que reciba el cuidador
principal.
- Del estado físico del enfermo y de las enfermedades intercurrentes
que se presenten.
- De la presencia o no de un equipo médico consolidado de referencia,
que haga el seguimiento.
- De las condiciones del hábitat, socioeconómicas y de disponibilidad
del grupo familiar.
Respecto a la nutrición, no se conoce una causa clara que relacione
y nos explique el adelgazamiento que aparece en el curso de la
enfermedad de Alzheimer, ni tampoco cuál es a ciencia cierta el origen
del probable exceso metabólico o del bajo aprovechamiento
energético que inducen a la pérdida de peso y a la extrema caquexia
a la que se llega en algunos casos.
Lo que sí se conoce es que existen causas tratables y reversibles de la
pérdida de peso, de los trastornos conductuales, funcionales o mecánicos,
como el rechazo a comer o la disfagia, que preocupan y desconciertan
a los cuidadores y que debemos aprender y enseñar a manejar.
Repasemos las situaciones y los factores de riesgo de la malnutrición:
- Fármacos que puedan provocar vómitos, irritación gástrica, constipación;
que alteren el gusto; que interactúen con la nutrición.
- Polifarmacia no controlada.
- Enfermedades crónicas: insuficiencia cardiaca, insuficiencia renal,
enfermedad gastrointestinal crónica, etc.
- Enfermedades dentales y periodontales. Dentición deficiente.
- Depresión.
- Detrimento del gusto y del olfato.
- Debilidad física.
- Bajo nivel socioeconómico, con dietas poco variadas.
- Aislamiento.
- Comidas no cocinadas y con alto contenido en grasas (embutidos,
quesos, bollos, pasteles, natillas, helados, chocolate, etc.)
Recomendaciones básicas
Siempre se debe intentar mantener una buena higiene bucal, vigilan-do
la hidratación y humedad de la mucosa bucal y la lengua. Para
comer, es adecuado mantener al enfermo sentado siempre que sea
posible y procurar que la inclinación de la cabeza sea la correcta
para favorecer la mecánica de la deglución.
No deben mezclarse alimentos de diferentes texturas, ya que no
pueden discriminarlas. Los líquidos se darán siempre que el enfermo
esté alerta para evitar atragantamientos y el broncoaspirado conse-cuente.
Si está confuso o en coma, se planteará su administración por
sonda nasogástrica temporalmente y se valorará, por consenso, los
beneficios a largo plazo de esta intervención.
Volver arriba

|