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LA ENFERMEDAD DE ALZHEIMER: DEL OLVIDO BENIGNO A LA PÉRDIDA DEL YO
De vez en cuando la vida nos gasta una broma...


Etapas clínico-evolutivas de la enfermedad de Alzheimer


Detección precoz de los síntomas


Alteraciones del estado de ánimo y de la conducta


Pérdida de memoria


Dificultades en la orientación


Problemas con el lenguaje


Alteraciones práxicas


Dificultades en el reconocimiento de objetos y personas

De vez en cuando
la vida nos gasta
una broma...

Cuando hablamos de demencia nos
referimos a aquella situación, fuera
de la normalidad, que se caracteriza
por la disminución global de las funciones
cognitivas, y cuya consecuencia inmediata
es la de interferir en las actividades
habituales de la persona.
La enfermedad de Alzheimer es la
demencia más frecuente a partir de los
80 años, aunque puede presentarse en
personas más jóvenes, en edades comprendidas entre los 65 y 75
años, y excepcionalmente en edades que rondan los 50. Se la considera
una demencia neurodegenerativa primaria, actualmente irreversible
y progresiva, cuyo origen es conocido, pero no en toda su totalidad,
lo que hace que sea una de las enfermedades más investigadas
a escala mundial.
Clínicamente, se inicia con la presencia de síntomas imperceptibles,
tan discretos que no se les presta atención y, con el tiempo, de forma silenciosa y progresiva, de repente da la cara llenando todo el escenario
de nuestras vidas. La «casi normalidad» de su existencia dificulta su
detección cuando se presenta y por tanto también su diagnóstico precoz.

 La importancia del diagnóstico en esta fase es la constatación clínica
del déficit y la intervención farmacológica en las fases iniciales,
modificando el curso de la enfermedad y favoreciendo en gran manera
que la persona mantenga la autonomía durante el mayor tiempo
posible, siendo una carga más llevadera para todo el núcleo cuidador.
El tratamiento con anticolinesterásicos de forma precoz ha cambiado el
futuro del Alzheimer, considerándose un tratamiento incuestionable.
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Etapas clínico-evolutivas de la enfermedad de Alzheimer

La enfermedad de Alzheimer pasa por diferentes etapas, caracteriza-das
cada una de ellas por un progresivo empeoramiento de la sintomatología.
Podemos dividir todo el proceso de la enfermedad en tres
grandes estadios: uno, inicial, con una sintomatología ligera o leve;
un estadio intermedio, con síntomas de gravedad moderada y moderadamente
grave, y un estadio grave avanzado y terminal.
Para relacionar los síntomas
con el grado de demencia se utilizan
unas escalas clínico-evolutivas
que sitúan la enfermedad
en un punto determinado. Una
de las más conocidas y útiles,
tanto en la práctica médica
como en la investigación, es
la Global Deterioration Scale
(GDS) (Reisberg, 1982), que
clasifica la enfermedad en siete
niveles evolutivos, según la clínica
que presenten.
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Detección precoz de los síntomas

A partir de la información y
conocimiento que nos ofrece la
escala GDS, vamos a describir
paso a paso los síntomas más
relevantes que nos conducirán
al diagnóstico de una demencia.
Antes hay que destacar, para
no caer en errores desde un
principio, "que cada uno es
cada cual" como dice Joan
Manuel Serrat. Que no hay
dos iguales y que cada enfermo
es distinto.
No todos los pacientes evolucionan siguiendo un mismo patrón, ni
viven de igual manera la enfermedad. No todas las familias ni los cuidadores
responden de igual manera ante una situación. Personalidad,
historia de vida del enfermo y entorno familiar serán factores
decisivos que influirán directamente en el curso y comportamiento de
la demencia.
Los primeros síntomas suelen pasar desapercibidos y, cuando
son significativos para la familia, suelen tener dos o más años de
evolución. A menudo, su presentación es tan sutil que se confunde
con los trastornos relacionados con la edad o con un estado
depresivo, con falta de iniciativa, aburrimiento, hastío, aislamiento,
ya que a la edad se le suman más las situaciones de pérdidas
que de ganancias y es difícil adaptarse a situaciones de carencia
afectiva, pérdida de amigos, cambio de papel social o de situación
económica.
Para llegar al diagnóstico de demencia, el médico especialista necesita
que la familia, los amigos, el propio paciente le expliquen qué es
lo que les llama la atención y les pone en alerta.
Cambios de actitud, de comportamiento, desenvoltura y capacidad
para resolver situaciones cotidianas y bien conocidas, olvidos notorios
como citas médicas, reuniones, comidas familiares, confusiones de
fechas, recetas de cocina, cualquier situación o actividad que difiera
respecto a como lo hubiera hecho tiempo atrás. La historia clínica, el
relato, es la mejor herramienta para realizar el diagnóstico médico.
Los síntomas más comunes que caracterizan la enfermedad son las
alteraciones del estado de ánimo y de la conducta, la pérdida de
memoria, las dificultades de orientación, los problemas de lenguaje,
las alteraciones práxicas y gnósicas. Analicemos uno a uno estos síntomas
para conocer cómo van apareciendo y ayudar a detectarlos.
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Alteraciones del estado de ánimo y de la conducta

El paciente suele estar más irritable y susceptible con todos, sobre
todo con la persona más próxima. Se muestra desconfiado, inseguro
e indeciso. Manifiesta síntomas depresivos, como tristeza, ideas de
inutilidad o aislamiento social, que puede expresar como malestar físico,
cansancio y apatía.
- Se muestra incómodo e irritable ante situaciones de relación social,
salidas en grupo, reuniones de amigos o fiestas familiares, y tiende
al aislamiento reduciendo su círculo social.
- Culpabiliza a la persona más próxima de
todos sus contratiempos.
- Considera que siempre lo fiscalizan y lo
controlan sin razón ni motivo.
- Se puede mostrar más desinhibido,
con conductas a veces un tanto infantiles.
- Disminuye su iniciativa e interés por
las aficiones habituales.
- Muestra un comportamiento más rígi-do
e inflexible, lo que dificulta la convivencia.
- Puede tener cambios de humor repentinos, no
explicables.
Pérdida de memoria

La memoria es el sistema cognitivo que nos permite aprender, guardar
y recuperar episodios de nuestra vida, acontecimientos, hechos,
habilidades personales y conocimiento. No existe una sola memoria,
sino varias memorias que, clínicamente, podemos diferenciar
entre sí: 
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- Memoria inmediata: de capacidad y duración temporal limitada.
- Memoria reciente: nos permite retener información nueva y construir
nuevos recuerdos.
- Memoria remota: configurada por todas nuestras experiencias. En
ella podemos distinguir la memoria episódica
(autobiográfica), la memoria semántica
(sobre los conocimientos adquiridos) y la
memoria de las habilidades sensorio-motoras
(ir en bicicleta, nadar, planchar,
coser, cocinar, conducir, etc.).
La persona con enfermedad de Alzheimer
sufre cambios en su capacidad amnésica.
Empieza a tener olvidos en cuanto a
hechos recientes. Olvida lo que acaba de
suceder y, en cambio, es capaz de recordar
con precisión detalles de su vida pasada.
- Siempre saca los mismos temas. Cada dos minutos pregunta lo
mismo.
- Va a comprar y olvida cosas, o compra aquellas que no necesita.
- Se olvida de fechas y citas señaladas, compromisos sociales, direcciones
y teléfonos familiares, nombres de amigos y conocidos, etc.
- No encuentra documentos, objetos de valor o utensilios de uso dia-rio
que él mismo ha guardado, generalmente, en sitios poco habituales.
- Tiene problemas en el manejo de los electrodomésticos comunes
(lavadora, lavavajillas, mando de la televisión y vídeo, calentador
de gas, calefacción, programación de la alarma, microondas) o del
ordenador.
- No recuerda partes importantes de conversaciones recientes.
- Olvida o confunde ingredientes cuando cocina; simplifica los menús
diarios, que se hacen reiterativos.
- Omite encargos o recomendaciones total o parcialmente.
- Comete errores con el dinero (no controla los cambios en la compra,
las gestiones bancarias, gasta más de lo ordinario, etc.).
- Tiene grandes dificultades para aprendizajes complejos.
- Pregunta reiteradamente lo que ha de hacer y repite lo que ha
hecho.
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Dificultades en la orientación

La orientación en tiempo, espacio y persona es el conocimiento que
tiene el individuo de su entorno. Es un concepto heterogéneo que relaciona
varias capacidades cognitivas, como
la atención, la vigilancia, la memoria
reciente, el conocimiento autobiográfico
y la proyección en el futuro.
La persona que padece Alzheimer
empieza a presentar una
leve desorientación en el tiempo,
y más tarde en el espacio, sobre
todo en lugares no habituales.
En un principio, se considera que
no atiende y no se fija. Carece de
importancia el hecho de que no
sepa el día del mes o de la semana,
puede ser un despiste tonto. Pero si estos
olvidos se mantienen en el tiempo y van perdiéndose
más fechas _ la fecha de nacimiento, la edad de los hijos y
así sucesivamente _, la desorientación temporal y espacial convertirán
en dependiente al enfermo.
- Puede tener problemas en los transportes públicos o en la conducción
del coche (se desorienta y se pierde con facilidad en rutas no
habituales o en cambios de señalización, disminuye su habilidad y
rapidez de respuesta ante imprevistos).
- Puede confundir el día de la semana, el mes o la estación del año.
- Le cuesta interpretar la hora en el reloj.
- Se le hace difícil orientarse fuera de su entorno habitual, por lo que
fácilmente se pierde.
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Problemas con el lenguaje

El lenguaje es la función humana que permite
la comunicación entre individuos. Las
personas aprenden a hablar, es decir, a
producir palabras, mediante un sistema
o código de signos interpretables para
ellos y que se adquiere mediante un
aprendizaje particularmente largo. El
lenguaje posee un aspecto biológico,
otro individual y otro social.
Existen alteraciones en la expresión del
lenguaje oral (afasia) o del lenguaje escrito
(alexia o agrafía). En la enfermedad de Alzheimer,
el lenguaje se va deteriorando progresivamente. El
paciente empieza por expresarse mediante frases más cortas y más
simples, con un vocabulario más pobre, como si utilizara un reducido
diccionario de bolsillo y tuviera dificultad para encontrar una
palabra concreta, alteración que se conoce por anomia. Además,
presenta problemas en la construcción gramatical y en la comprensión
del lenguaje, tanto oral como escrito, que deja de utilizar espontáneamente.
- Tiene dificultad para seguir el hilo conductor de un programa tele-visivo,
de una conversación con varios interlocutores, o la lectura de
un libro o de un artículo del periódico.
- Tiene problemas en encontrar la palabra adecuada para definir
algo.
- Confunde una palabra con otra.
- Articula frases cortas y mezcla ideas fuera de contexto.
- Si explicamos un relato largo o complejo, puede no comprenderlo
bien y cambiar su contenido o finalidad.
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Alteraciones práxicas

Las praxias se relacionan con los gestos
y la construcción, la ejecución del
movimiento y el comportamiento.
La afectación de las praxias se
caracteriza por la alteración del
control voluntario de los movimientos
intencionales, de lo que uno quiere
hacer. En la enfermedad
de Alzheimer
se observan diferentes
grados de apraxia
según el estadio evolutivo en que se encuentre
la enfermedad.

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En la fase inicial se alteran las capacidades
constructivas, lo que supone una simplificación
de las tareas motoras complejas, como hacer
bricolaje, macramé, realizar o copiar un patrón de
costura, copiar un dibujo, recortar. En estadios más avanzados aparecen
las apraxias gestuales, donde la dificultad está en imitar gestos simbólicos, perder la mímica de cómo afeitarse, peinarse, doblar una
carta y meterla en un sobre, o bien manipular objetos comunes y realizar
actividades cotidianas como equivocarse en el vestirse, en la
secuencia de hacer la cama o poner la mesa. En los estadios moderadamente
graves y graves la persona no sabe vestirse ni desnudarse,
ni realizar su higiene personal y tampoco utiliza los cubiertos para
comer ni sabe usar el vaso.
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Dificultades en el reconocimiento de objetos y personas

La función cognitiva que permite percibir y reconocer la forma y las
características físicas de las personas y objetos de nuestro entorno se
denomina función gnósica. La disfunción se denomina
agnosia y consiste en la alteración
del reconocimiento del mundo que nos
rodea, ya sea por entrada visual, auditiva,
táctil, olfativa, o del reconocimiento
del esquema corporal, sin
que los sentidos de
la vista, la audición
o la sensibilidad
táctil estén
maltrechos.
Al inicio puede aparecer
una dificultad en el reconocimiento de
estímulos visuales complejos y en su organización espacial, como es entender o
dibujar un reloj, o confundir la puerta de la
nevera con la puerta de la cocina, o el cepillo de
los dientes con el peine. No saben que están enfermos, ni entienden
lo que les pasa. No reconocen lo que les sucede como síntomas de la enfermedad. La progresión de la enfermedad los llevará a no reconocer las caras ni a las personas.
Se empieza por los vecinos
y amigos, para acabar no reconociendo
a los parientes próximos, a los propios
nietos, a los hijos o al propio cónyuge.
Más tarde, ni siquiera se reconocerán a ellos mismos
en una foto o en el espejo, y se asustarán ante un personaje tan desconocido, o
lo confundirán con su padre, mujer, hermanos o hijos, provocando
situaciones de desasosiego, intranquilidad, angustia, pánico y agresividad en muchos casos.

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